Si quieres hallar verdades no las encontrarás escritas en mayúsculas, ni en los titulares de los periódicos, en las religiones que buscan acólitos, ni en la propaganda, ni en nada que requiera de la repetición, la imposición o los credos.

El budismo no se promulga a sí mismo, tampoco los que prefieren la dieta omnivora, ni los homosexuales que respetan al prójimo. El cristianismo necesitó de la persecución despiadada, la censura y la repetición para llegar a sus 2.400 millones de fieles, junto al islamismo con 1.900 millones; mientras que el hinduismo con 1.200 millones y el budismo con 900, no necesitaron de la divulgación.

En las redes vemos a diario como los vegetarianos y veganos atacan a los omnivoros (a los que califican como carnivoros y muchas veces como asesinos), mientras que estos ultimos jamás hacen gala de sus preferencias o necesidades gastronomicas. Ni la espiritualidad ni la bondad dependen de tu dieta. Pero el estar tan ocupados en «convencer» a los demás de sus creencias, da algo que decir de los promulgadores.

Y es que son víctimas de la propaganda del sistema que, por muchas razones, prefiere que la humanidad sea vegana. Y esto es por solo dar un ejemplo de la calidad de nuestras creencias y cuanto dependen de la propaganda del sistema.

Pero vayamos más allá, al centro de la causa por la cual el sistema se vale de una difusión tan encarnizada para establecerse como opción unica.

El axioma a considerar es EL PODER NO ACEPTA OTRO PODER. El poder tiene que ser único, esta es la razón por la cual «se ve obligado» a destruir a cualquier otra manifestación que pudiera competir con él.

Y para apagar a cualquier otra opcion tiene que, obligadamente, recurrir al convencimiento, la repetición y la censura. Porque el mas fuerte poder al que se enfrenta es el propio poder de la individualidad humana.

Por esto comienza interviniendo en la educación.

El modernismo actual no busca la excelencia, sino la complicidad y el sometimiento, por lo cual la educación llevará a los jóvenes por ese camino.

Verás… los valores que atesorabamos en el pasado eran: orgullo nacional, admiración por los héroes, respeto por los mayores, amor por la sabiduría, práctica del honor, la ecuanimidad y la justicia. En tiempos preteritos estaban los dioses que representaban virtudes universales, mismas que se perdieron con el arribo de las religiones abrahamicas que resumen todo a la obediencia ciega a un dios.

Hoy en día a nadie le interesa el conocimiento, los jóvenes sólo quieren «que no los molestes» y al sistema no sólo les ha dado un programa educativo condescendiente con la mediocridad, sino que ha cercenado los principios de autoridad de maestros y padres.

Con este formato la próxima generación será muy ignorante y sin valores.

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