No soy de los que repiten “todo tiempo pasado fue mejor”, creo que el humano se ha desenvuelto generando productos sociales en forma cíclica; pero sí siento cierta nostalgia por el pasado cercano.

Me crie en Buenos Aires, entonces una ciudad tan importante como Nueva York, destino de muchos inmigrantes europeos en busca de un futuro mejor.

Cuando los niños juegan y gritan en la puerta de mi casa, a pesar del volumen de sus aullidos, “me la aguanto”, porque recuerdo que de niños jugábamos fútbol en la calle y volvíamos locos a los pobres vecinos. No sólo gritabamos, sino que la temible pelota golpeaba paredes y ventanas sin ninguna consideración.

Cuando el vecino enloquecia, llamaba a la policía, entonces el vigía que siempre poníamos para tal evento gritaba “la yunta!” y todos corríamos en distintas direcciones. Los más lentos terminaban dentro de la camioneta policial (la yunta) y a la comisaría. Tus padres te recogían y previa paliza, te ibas a la cama.

Aún así, el policía “de la esquina” era nuestro amigo y la persona de confianza para resolver cualquier peligro.

Nuestro programa científico preferido era “Futureland” de Walt Disney. Mi Marciano Favorito era lo mejor que teníamos sobre extraterrestres. Y todos sabíamos que la Luna estaba habitada.

Podías dejar la bicicleta en la vereda unas horas, el maestro de escuela vestía de chaqueta y corbata y los fines de semana nos llevaba a jugar fútbol a una cancha de verdad.

Mi viejo trabajo cuarenta años en la misma empresa: los astilleros navales de Argentina, que entonces tenía una de las mayores flotas del mundo, un mundo donde todo estaba equilibrado.

Dios vivía en la iglesia del barrio, el cura no se cogia a los chicos y todos estudiábamos el catecismo creyendo que eso nos hacia más buenos. El peor pecado que podíamos confesar es haberle mentido a nuestros padres. Todos conocíamos y respetabamos a la viejita del barrio: Doña Amelia.

El medico era una especie de genio que iba a tu casa cuando estabas enfermo y podia resolver cualquier cosa, incluso reparar una cirugía mal hecha, o diseñar una receta magistral que luego el farmacéutico mezclaria.

Era un orgullo tener un pariente o amigo militar o policía… o maestro… El director de la escuela era el tipo más respetado de la zona.

Lo mejor de todo eran los cumpleaños, las bodas y las comuniones… comíamos como linyeras (vagabundos), bailabamos y a veces nos apretabamos a la vecinita, sin pasarnos…

Tuvimos una epidemia terrible, de poliomelitis… no recuerdo el terror, no lo hubo, no usábamos barbijos. Mi mejor amigo y mi padrino la tuvieron. Mi padrino se restableció completamente y llego a ser inspector de la policía, murio de angina tabacal… nadie nunca dijo que fue por poliomelitis o con poliomelitis. Mi amigo nunca se recupero, pero llego a recibirse de medico… desde su primer dia de enfermedad, en su cama, yo iba a jugar con él.

Cuando nos miro hoy en dia… asustados… respirando malamente a través de un barbijo, manteniendo la distancia “social”, odiando al que no usa barbijo, poniendo a nuestros hijos en escritorios-pecera en la escuela… Me pregunto: CUANDO FUE QUE INVOLUCIONAMOS HASTA CONVERTIRNOS EN “ESTO”?

Cuando fue que los gobiernos dejaron de temernos?

Cuando los sacerdotes empezaron a tener sexo con niños y sus madres?

Cuando?

Somos un terrible despojo de una sociedad que prometía ir hacia un futuro maravilloso, pero cayó en el más oscuro de los abismos.

Cuando comenzaron a mentirnos y faltarnos el respeto?

Fue con el viaje a la Luna? La dictadura de Peron? La Segunda Guerra Mundial?

Cuando cambió todo y se hicieron cargo estos seres que nos odian a muerte y han convertido nuestra existencia en un infierno sin salida?

No lo sé con certeza… sólo sé que, en aquellos tiempos, no lo hubiéramos permitido…

Colgarían de un puente como el infame Mussolini…