Parece cosa sencilla definir que hay dos posiciones posibles: creer o no en él y de acuerdo con las mismas, incorporarlo a nuestras vidas o ignorarlo.

Sin embargo, es mucho más complejo que eso, porque definir nuestra relación con dios o su inexistencia, puede cambiar radicalmente nuestra forma de vivir o sumergirnos en la confusión típica de los que no son coherentes entre sus pensamientos y su forma de actuar.

Ademas de lo antedicho, las variantes pueden ser infinitas como infinitos los modos de vida.

No creer en dios nos libera de una gran cantidad de prejuicios y complicaciones con respecto a la existencia, pero no necesariamente nos vuelve malas personas, como creen los llamados “creyentes”. Un ateo puede ser perfectamente moral y atento a una disciplina propia.

En cuanto a los creyentes, estos deberían – cosa que no hacen – definir claramente, para si mismos, en que consiste su creencia.

Opinar que la adoración de un único dios resuelve los problemas espirituales reales de la humanidad es un tanto elemental, porque, inicialmente, todo parece indicar que no hubo, ni habrá, un solo dios.

En la misma Biblia se habla de elohim (plural) y se supone que Yahve pueda ser uno de ellos. Los elohim son, por definición, criaturas de otra dimensión espacio temporal, capaces de “crear” razas a partir de la manipulación genética para luego gobernarlas o dejarlas a su libre albedrío.

Esto surge a partir de los descubrimientos de Zacharias Sitchin, los textos de Parks, las traducciones de Mauro Biglino y antes que ellos, de los escritos de Helena P. Blavatsky.

Desde ese punto de vista, la adoración de dios es algo relativo, ya que no se presenta como amigo de la humanidad, sino como su gobernante y habría que especular en las intenciones originales o en una posible misión cósmica, para evaluar correctamente sus motivaciones.

Otro punto de vista es el de los gnósticos que consideran a la materia como mala y por lo tanto la creación es maldita y producto de un dios nefasto, en este caso la relación con dios es de odio y se asemeja al concepto del nacionalsocialismo.

Se puede considerar buena a la creación y a su creador, pero establecer que este es alguien diferente y muy por encima del grupo annunaki y los personajes asociados a ellos, tales como Jehova, Ialdabaoth, etc.

Pero la cuestión fundamental es el hecho de la existencia previa del espíritu y del arquetipo humano

Adam Kadmon, que aparece antes que el Creador (y este como resultado de la mente del Adam Kadmon)

Esto pocas veces se evalúa y es por esta razón que escribí los ensayos Crónicas Del Guerrero Increado y Þekkingu, La Revelación, donde se hace especial descripción del concepto del espíritu increado.

Que el espíritu sea increado es un axioma que se desprende necesariamente de su calidad de eterno e infinito y esto es algo que, sin embargo, parecemos ignorar, aceptando su sumisión aunque sea una imposibilidad lógica.

Finalmente, espero que mi articulo sirva para promover la reflexión acerca de nuestra esencia de vida y su necesaria, o no, relación con dios.