Conocemos por los medios y a veces por haberlo vivido en persona, las formas de abuso extremo más comunes, como las que se desarrollan en los núcleos familiares, en las escuelas, sexuales, contra menores, etc. Pero hay formas más solapadas que son de uso habitual en nuestra sociedad, aceptadas como normales y pocas veces reconocidas, sobre todo por parte del abusador.

En el terreno empresarial, en las áreas donde la competencia se hace más álgida, los ejecutivos son abusados con cargas de trabajo excesivas y recortes ilegales a sus horas y días de descanso.

Cuando la crisis (siempre en avance) llega a extremos, casi todos los trabajadores son abusados.

Aún así, todavía no estamos en la raíz del problema, la cual es que, en nuestra sociedad, el abuso es moneda básica y cotidiana.

¿Qué quiero decir con esto?

descargaQue en nuestro trato habitual con otras personas, una, o la otra, o ambas, hacen ejercicio del abuso emocional.

El abuso proviene de una incompetencia radical para comunicarse adecuadamente, debiendo recurrir a la presión, alzar la voz o a los gestos típicos de la violencia, para creer que se es escuchado.

No es necesario que el resultado de la interacción sea la violencia física o la violación, para que el acto en sí mismo produzca daño, no sólo en las relaciones, sino en las personas.

Aunque generalmente el abusador levanta la voz para someter a su interlocutor, no es ésta acción determinante por sí misma, el abuso puede perpetrarse hasta con cortesía amorosa.

Someter a alguien a tareas tediosas, por ejemplo, es una forma soslayada de abuso muy común.

abuso_laboralSin embargo, el alzar la voz, dejar de escuchar al interlocutor o colgarle el teléfono,  son de los excesos más intolerables. Los ejercemos como muestra de carácter y para imponer nuestra razón.

Mi amigo juega al soccer (futbol) los domingos, pero éste domingo voy a mudarme y le pediré ayuda. Yo le he hecho muchas veces por él, no puede negarse.

Le pediré a mi diseñador gráfico tipear esta carta, no entiendo por qué él cree que ese no es su trabajo, ¿acaso no trabaja con computadoras y letras?

En la prestación de favores, a veces el solicitante se extralimita, otras veces el prestador, muchas veces ambos.

Es muy difícil establecer los límites, lo cual no debiera impedir que se negocie con caballerosidad y cortesía.

Respeto es lo que falta en la ecuación. Respeto para no pedir lo que no se debe y para valorar los tiempos y las decisiones ajenas. Para dejar de pensar que alguien está en deuda con nosotros. Que un amigo no puede decirnos que no. Que podemos invadir las actividades ajenas. Que todos tienen la obligación de soportar nuestras acciones tediosas.

Me invitó a su casa y se puso a tocar la guitarra, tocaba regular y cantaba más o menos, pero, más allá de eso, yo no tenia ganas de escuchar su concierto improvisado. Creo que se molestó cuando me disculpé y me fuí.

No entendemos que los demás no están para nuestros reclamos y para escuchar todo lo que queremos que sea escuchado, excepto, claro está, que sea un verdadero amigo y nuestro cuento sea realmente importante.

Personalmente, de todas las agresiones que recibo, la que menos soporto es la que me somete a tareas tediosas, cualquier cosa que sea repetitiva. Eso implica que en mi trabajo de creativo gráfico, tengo poca paciencia para con las personas que se expresan en maneras adornadas innecesariamente, repiten lo mismo hasta el agotamiento o realizan una nueva corrección cada vez que creemos que llegamos al producto final. Respeto y eficiencia evitan este tipo de sentimientos encontrados.

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