Durante toda la existencia, buscamos el “do”, la via para llegar a la conciencia. Y llega el maestro con sus fórmulas esotéricas y la meditación en el entrecejo, en el chackra, en la oreja de Shiva… el mantram secreto, la transmisión de boca a oído, el grado masónico, la santificación… y regresamos y volvemos a empezar…

taosimTodo se inicia en el universo increado. ¿Cómo? El Incognoscible es sólo conciencia, porque la conciencia es, desde siempre y no hay nada antes de la conciencia y la conciencia no puede verse a sí misma, excepto que se “refleje”.

El ideograma Do en kanji, representa una cabeza con sombrero y un pie en movimiento. El sombrero está por encima de la cabeza, es decir, representa a algo que está por encima de la mente. El sombrero es la conciencia. El camino, entonces, será “ir hacia lo que está por encima de la mente: la consciencia”. Con un sencillo símbolo, se explica lo más trascendente.

La meditación en el entrecejo, por ejemplo, te lleva al chackra ajni y éste es la contrapartida energética de la mente abstracta, con lo cual, al activar el chackra, seguramene tendrás acceso a ideas abstractas, pero no al espíritu.

El espíritu no puede ser alcanzado por un ritual, una meditación o un ejercicio energético. En todo caso, la conciencia es el testigo de todo el esfuerzo que hacemos, pero nada de esto nos lleva a ella.

dualidadDe la misma manera que al reflejarse la consciencia del Incognoscible, se forma la fuente, de la que se aprovecha el Uno para la creación de la materia, el retorno consiste en mirar hacia la fuente, para despegarse de ella y reagruparse en la conciencia original del Incognoscible.

Mirar la fuente es descubrir la matrix de la materia y desapegarse de ella, para focalizar la intención en la conciencia.

La conciencia focalizada es el espiritu despierto, el cual nunca, en realidad, estuvo dormido.

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