Durante lo que creía era la etapa final de su vida, una monótona y repleta de lugares comunes y fracasos, Juan recibe la visita de un extraño que cambiará su vida para siempre, mostrando una perspectiva diferente acerca de la vida, el destino y Dios mismo.

No es lógico pensar que a alguien le pueda pasar algo así a mi edad, cuando la vida se

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vuelve lenta y exageradamente segura. Excepto por el hecho de que siempre me quejaba de que así fuera.

 

Aquél viernes salí más tarde de lo acostumbrado de mi oficina, el viaje fue lento por el embotellamiento de tránsito y llegué a casa de noche.

Rento un departamento grande, con vista al mar, pocos muebles, estilo minimalista y se respira en él una gran… soledad… pero al entrar noté una presencia y confieso, que a pesar de mi grado en artes marciales, se me erizaron los pelos de la espalda y me quedé paralizado.

En el sofá estaba, cómodamente sentado, pero en estado de alerta, un visitante no invitado.

Se notaba a simple vista, a pesar de su gabardina oscura, que era atlético y muy fuerte, un poco más alto que yo y con un rostro muy similar al mio (esto es ovalado, nariz recta, boca pequeña y ojos grandes almendrados) pero bordeado por cabellos y corta barba de color blanco, adornados por un sombrero negro, debajo de cuya ala se vislumbraba una mirada
de una oscuridad tal que causaba terror.

Y esa mirada me observaba de lleno, diciendo: llegué, aquí estoy, ¿no me reconoces?

– Perdón, – balbuceé y me arrepentí como siempre de pedir perdón cuando debía mostrar
firmeza.

– ¡Quién es usted! , – exclamé reparando mi debilidad anterior.

Como única respuesta, el extraño sonrió y se puso de pié. En ese momento pensé en salir corriendo, pero recordando mis múltiples habilidades marciales, traté de componerme y animarme a mí mismo a comportarme como un hombre.

– Mi amigo… usted ha entrado aquí sin autorización y no lo conozco… ¿se puede saber
qué hace aquí?

Comenzó a caminar por la sala, tocando todo lo que veía, sonriendo amargamente, hasta que se paro frente a mi, a pocos metros, se quitó el sombrero y con una voz grave, pero muy apacible me dijo:

– En estas situaciones uno debería callar… porque, si no sabe qué cosa decir… ¿para qué
abrir la boca siquiera? Usted no me conoce, es verdad, aunque ya verá que no es así. Esperaba que un maestro de artes marciales se comportara con más seguridad en sí mismo.

– ¡Ya sé!, – interrumpi, – eres amigo de Paco, él te envió…

– Sólo tú podrías ser amigo de Paco, nadie más se anima a llamar amigo a semejante perdedor.

– ¿Conoces a Paco?

– No más que a ti, Juan, no más que a ti…

– Me confunde,- susurré, – comencemos de cero… ¿cuál es su nombre y qué hace aquí?

– Era conocido como Aenghus Ollamh, hijo de Oilioll, hijo de Labhraidh Loingseach, hijo de
Oilioll Aine, hijo de Laeghaire Lorc, hijo de Ugaine Mor… y así podría seguir para mostrarte que provengo de un linaje de reyes emparentados, aunque no siempre la historia asi lo reconozca, con Loeghaire Buadhach, el triunfante; Laoghaire Lorc, el guerrero; Laeghaire Mac Crimthann, el héroe; y finalmente Labhraidh Luathlam ar Cledeb, el héroe de la Tuatha de Dannan convertido en Dios, que habita en la tierra de abajo, el otromundo, en las tierras de la felicidad conocidas como Magh Mell.

– Usted se burla de mi, – exclamé, ya más seguro de mí mismo, porque este individuo,
evidentemente, estaba loco, – ¿cree que porque me cita la cadena de ancestros celtas de un dios imaginario va a impresionarme de alguna manera.

– Deberías prestar más atención, Juan…

– ¿Mas atención a qué?… ¡y resumamos!… qué es lo que quiere de mí, !¡qué lo autoriza a entrar a mi casa como si fuera un familiar o un amigo!

Dio varios pasos hacia un lado, colocándose a mi derecha y se detuvo.

– No podía entrar de otra forma como no sea estando aquí, en algún momento, cuando
puedas entenderlo, te lo explicaré. Por ahora sólo puedo decirte que no vengo de ningún sitio hacia aquí, sino que aquí estoy en este instante y luego no estaré…

Obviamente, me quede atónito ante semejante perogrullada y él aprovechó para continuar hablando.

– Lo segundo es que sí… somos familia… y es por eso que nombré a algunos de nuestros
ancestros que TU SABES que lo son…

– ¡Ahhhh! ¡Te atrapé! Ahora sí que no tengo dudas de que fue Paco quien te envio…. Ja ja ja
ja, – rei nerviosamente, – sólo él sabe de mi interés por mis ancestros celtas…

– Tu sabes muy bien que esa no es la explicación… ni me has atrapado en nada… sin
embargo, te diré a qué vine y terminaremos con esta charla incongruente…

Quise protestar, pero me hizo un gesto de silencio, apuntándome con el dedo índice y decidí esperar a escuchar lo que tenía para decirme.

– He venido para que escribas sobre mí. Yo te dictaré y tu escribirás, si quieres puedes
adornar lo que escribas, si eso te hace sentir mejor. Cuando me vaya, publicarás lo escrito y
tal vez ganes dinero.. o tal vez te persigan y maten, aunque esto último es poco probable…

– ¿Y por qué habría de hacer algo asi? ¡No tengo tiempo para eso! Tengo trabajo…

– Lo harás porque tu vida es una mierda sin sentido, porque siempre quisiste ser escritor y
esta es tu oportunidad de relatar algo que conmoverá a mucha gente, y porque lo harás fuera de tus horas de trabajo.

– ¿Fuera de mis horas… ?

– ¡Si!, – interrumpió,- llegarás y yo estaré aquí, harás tu cena y al terminar escribirás para mí. Cuando te sientas cansado interrumpimos y continuamos al otro dia…

– ¿Y podré vender la novela como si fuera mia? Eso no es decente… Yo puedo…

– Déjate ya de estupideces… digamos que serás mi historiador, editor y autor de este manual de historia que voy a dictarte. Si lo haces bien, te publicarán y luego te pedirán más libros y aunque escribas basura la misma publicidad hará que la gente te lea.

– ¡Oh gracias por el incentivo! ¡Si escribo basura, para qué vienes a mi!

– Deja ya ese ego pendejo, Juan… hay mucho por hacer… Mañana estaré aquí temprano porque es sábado y vamos a trabajar todo el día…

– ¿Y dónde te quedas… donde vives?

– No te ocupes de mi, sólo de los momentos en que esté presente, ten tu computadora lista…

Quise protestar nuevamente, pero me distraje llenando un vaso con agua en la nevera y al volver la vista hacia él, ya se había marchado.

FRAGMENTO DE “DESPERTE UNA MAÑANA Y YA NO ERA YO”

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