No soy del tipo machista, provengo de una familia donde todos compartíamos deberes y derechos y muy pocas veces escuché a mi padre alzar la voz o imponer a la fuerza alguna idea… claro, era el más inteligente de todos, no lo necesitaba.
He sido entrenador de mujeres que pertenecían al cuerpo de cascos azules y de otras que simplemente necesitaban defenderse del medio ambiente ya mismo… y me encantó saber que pudieron fácilmente dar cuenta de sus atacantes después de pocos meses de práctica.
Sin embargo, el compartir las obligaciones con los niños -las cuales, por otra parte son divertidas-, la ropa, la casa y el trabajo; no me convierte en un “dominado”, tengo mi carácter, soy hombre y me encantan las diferencias entre nosotros y las mujeres.
Hoy, en favor de una tendencia feminista que proviene de la estrategia destructiva del poder reinante, se maltrata al hombre en los medios y en la red, acusándolo de todo tipo de estupideces, maldades y violencias.
Que hay seres humanos que son peor que las bestias (y digo bestias para no insultar a los animales) no tengo dudas.
Pero de allí a aceptar la generalización banal que incluye a todos los hombres en un paquete de seres inútiles e inferiores, hay un largo trecho.
Es una falta de respeto hacia los hombres que aún tenemos sentido del honor, cumplimos con la palabra empeñada, creemos en valores como el valor, la camaradería y aún abrimos las puertas para que pasan las damas… aunque muchas hayan dejado de serlo.
Puedo ser hombre y tener amigas mujeres, tanto hetero como homosexuales, porque la preferencia sexual no marca el valor del espíritu.
Para detrimento de muchos argumentos, estoy amigado con mi parte femenina, mi cerebro derecho y puedo ser creativo y hasta comprender los delicados sentimientos femeninos.
Y no digo esto para ensalzarme y hacer crecer -mas- mi ego… sino porque hay muchos como yo y mejores que yo que asisten en silencio a tanto juicio que menosprecia el valor de la masculinidad.
Los espíritus, híbridos, se manifiestan como hombre, mujer y homosexual en el mundo de la materia. Razones más elevadas que nuestra razón así lo determinan. No soy quien para juzgar a nadie; pero tampoco voy a permitir que sigan destruyendo el valor de la masculinidad que bastante tiene ya con sus ejemplares mentalmente minusválidos.
Soy hombre… y que!
